28 julio 2010

migrantes

¡Bienaventurados los constructores de paz! (cf. Mt 5, 9), así dice el Señor. Para los cristianos, la búsqueda de una comunión fraterna entre los hombres tiene su fuente y su modelo en Dios, uno en la naturaleza y trino en las Personas. Deseo de corazón que todas las comunidades eclesiales compuestas por emigrantes y refugiados y por los que los acogen, encontrando estímulos en las fuentes de la gracia, se esfuercen incansablemente por construir la paz. Nadie debe resignarse a la injusticia, ni dejarse abatir por las dificultades y las molestias.

Si son muchos los que comparten el "sueño" de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los inmigrantes y los refugiados, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos, y nuestra tierra verdaderamente en "casa común".


Juan Pablo Segundo

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