01 junio 2013

Juan Bautista Scalabrini

Cuando uno lee la historia de los grandes personajes de la historia, los que han hecho una Gran Obra, obras que aún en nuestros días funcionan a la perfección, que aún en nuestros días sigue creciendo y multiplicándose, uno encuentra gran inspiración, gran esperanza, uno de los personajes es el Obispo, Padre del Catecismo Católico, Apóstol de los migrantes y ahora Beato Juan Bautista Scalabrini.
Nacido en Fino Mornasco el 8 de Julio de 1839, se ordena sacerdote el  30 de mayo de 1863, a los 24 años de edad, 

Durante los primeros cuatro meses después de la ordenación, ejerció suplencias en algunas parroquias. Motivado quizá al constatar el restringido horizonte de su futuro ministerio sacerdotal, o mejor aún, por el entusiasmo hacia el nuevo instituto misionero del PIME (Pontificio Instituto de las Misiones para el Exterior), tuvo la idea de hacerse misionero. De eso hablará él mismo, veinte años después, al presidir la ceremonia de la entrega del crucifijo a cinco misioneros que partían: recordará como se había arrodillado delante de su madre y ella le había otorgado el consentimiento entre lágrimas. Empero, su destino tenía que ser otro, el de llevar la cruz pectoral de Obispo, en lugar de la cruz de madera del misionero. En realidad aquel proyecto misionero no se concretó por la rápida intervención de su Obispo que le dijo terminantemente: "Tu India es Italia". 
Al finalizar el verano, el Obispo le confió el primer cargo importante: lo nombró Vicerrector del Seminario de San Abundio, además de profesor de Historia y de Griego. El asumió con gran sentido de responsabilidad esta delicada tarea de formar a los futuros sacerdotes. No se trataba de un mero compromiso didáctico, sino, en cierto sentido, de transferir en esos jóvenes corazones su propia vocación. Amable en el trato y en la palabra; exigente y comprensivo al mismo tiempo, tuvo enseguida un gran ascendiente sobre los seminaristas. Además como profesor, gracias a su preparación cultural y a su método pedagógico, trajo a las clases un soplo de aire nuevo.
A los 31 años se vuelve párroco de San Bartolomeo, una parroquia ubicada a las afueras de la ciudad, su gran celo pastoral lo lleva a desarrollar un programa de Catequesis tanto para adultos, como para niños (1875), crea oratorios para Jóvenes y Señoritas. Tanto era el fervor que sentía ante el adoctrinamiento de su rebaño que preparó sus homilías de tal forma en la que les pudiera explicar el Concilio Vaticano I.
Scalabrini motivó la creación de sindicatos en los que se exigieran mejores condiciones de trabajo. Mons. Scalabrini dio algunas conferencias que trataban acerca de los contenidos de constituciones eclesiales como la Dei Filius que trata de la fe y sobre la constitución, Pastor Aeternus, que habla del primado e infalibilidad del sumo Pontífice. Ésta última causó gran polémica en la sociedad de su tiempo, pues el Papa estaba siendo muy atacado por un grupo de intelectuales conocidos como los Iluministas.
Mons. Scalabrini es ordenado obispo a los 39 años de edad, la ceguera de la iglesia en asuntos sociales motiva a Monseñor a realizar las visitas pastorales en su diócesis, en total fueron 5 veces en 29 años y dejando pendiente la sexta por haber llegado la hora de su partida de este mundo. Su pueblo fue abatido por muchas penas y enfermedades, una de ella era la migración, pero nunca se alejó de él. Renovó la vida de los seminarios, particularmente en el seminario de Bobbio. Recuerda la realidad de la estación de Piacenza, el puerto de Génova y particularmente la estación del tren de Milán. Las obras de la emigración nace de las visitas pastorales, porque se da cuenta de la situación de su pueblo. Utilizó tres escudos a lo largo de su labor como obispo: • La sagrada Familia • Humilitas • La Escalera de Jacob
El 28 de noviembre de 1887 funda a los Misioneros de San Carlos/Scalabrinianos y a las Misioneras de San Carlos/Scalabrinianas el 25 de noviembre de 1895 con el fin de apoyar a los migrantes italianos en su búsqueda de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.
Muere en Piacenza el 1° de junio de 1905. Fue beatificado por el Papa Juan Pablos II en 1977.  Sus restos incorruptos yacen hasta nuestros días en una cripta ubicada bajo el altar de la Catdral de Piacenza en Italia.



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